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Departures/Okuribito/La Partida Imprimir E-mail

Bellísima, exquisita… sublime. El director, Yojiro Takita logra crear una obra maestra al instante. Lo mejor del cine japonés en los últimos años e indiscutible ganadora del Oscar® a “Mejor Película Extranjera” del 2009.

Todo empieza con la preparación del cuerpo de una hermosa mujer que yace en un altar entre kimonos de seda frente a su familia. El joven e inexperto embalsamador, Daigo Kobayashi (Masahiro Motoki), ceremonialmente, limpia el cadáver por debajo de las ropas, no sin antes murmurar lo guapa que es, la sigue limpiando y más abajo le encuentra algo raro, se lo comunica a su patrón. El patrón se acerca a los dolientes y les pregunta: “¿Como quieren que la maquille, de hombre o mujer?” ¡La bella muerta era travestí! Los padres le dicen: “de mujer, ella siempre quiso ser mujer”.

 

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Título Original: Okuribito (Departures)
Título en Español: No Tiene Aun (Viaje de Salida)
Rango Filmaffinity: 8.7
Rango IMDB: 8.2
Año: 2008
País: Japon
Duración: 130 min
Idioma: Japones + Subt Español (Archivo Aparte)
Director: Yojiro Takita
Guión: Koyama Kundo
Música: Joe Hisaishi
Fotografía: Takeshi Hamada
Reparto: Masahiro Motoki, Tsutomu Yamazaki, Ryoko Hirosue, Kazuko Yoshiyuki, Kimiko Yo, Takashi Sasano, Tôru Minegishi, Tetta Sugimoto, Yukiko Yachibana, Tatsuo Yamada.
Productora: Amuse Soft Entertainment
Web Oficial:

 

 

Un hombre posee un empleo socialmente aceptado (toca el violonchelo en una orquesta) y, de pronto, se queda sin trabajo. “Accidentalmente”, buscando empleo, va a parar a una casa funeraria en donde consigue rápidamente el salario que estaba necesitando. Su trabajo, sin embargo, se convierte en algo vergonzoso, despreciable, nauseabundo: preparar el cuerpo de las personas muertas, lo cual implica tocar, manipular, oler, ver, etc., ese cuerpo muerto, ese desecho. Ese es el primer paso que da el director, mostrar el cuerpo en términos de carne, incluso comparándolo con la carne animal que se utiliza en la alimentación. Luego hay cierto viraje, aparece la cermonia de “purificación”, de limpieza, que el protagonista aprende a realizar, allí el cuerpo muerto adquiere “dignidad”, brillo (un brillo literal, que consiste en maquillar ese cuerpo, vestirlo, etc.)

 

Todo empieza con la preparación del cuerpo de una hermosa mujer que yace en un altar entre kimonos de seda frente a su familia. El joven e inexperto embalsamador, Daigo Kobayashi (Masahiro Motoki), ceremonialmente, limpia el cadáver por debajo de las ropas, no sin antes murmurar lo guapa que es, la sigue limpiando y más abajo le encuentra algo raro, se lo comunica a su patrón. El patrón se acerca a los dolientes y les pregunta: “¿Como quieren que la maquille, de hombre o mujer?” ¡La bella muerta era travestí! Los padres le dicen: “de mujer, ella siempre quiso ser mujer”.

El tema finalmente no es la muerte sino el cuerpo, por un lado, el cuerpo como desecho, residuo, pura carne, lado animal de lo humano. Por otro lado, y a eso apunta la ceremonia, el cuerpo puede incluso tener brillo, ser digno de ver, de mirar, aun sin vida. Hay ahí un costado hasta “sadeano”, la idea de la muerte como algo bello.

Pero más allá de estos detalles que pueden resultar interesantes la película es verdaderamente muy desigual, demasiado extensa (130 minutos), con actuaciones y una dirección que no se destacan demasiado. El clima es el del melodrama, transita sin dudarlo lo escatológico, muchas veces cae en lugares comunes.

Sin embargo, tiene una excelente fotografía, impecable. Y quizás hay un detalle interesante, hacia el final, la “leyenda” de la piedra como objeto de comunicación previo a la escritura. Aparece ahí el tema de la transmisión; la pregunta es qué le transmite un padre a un hijo, aun sin haberlo conocido… le transmite una sensibilidad. En general, si se abren preguntas, el director tiende a responderlas. No se dejan demasiados vacíos del lado del espectador. Hay una necesidad de ser explícito, un mostrar o querer mostrar todo lo posible. Esto puede ser, desde el punto de vista poético, una decepción. Hay ahí cierta trampa, cierta creencia, que es responsabilidad del director: la fe en el realismo. Creer que eso que ahí se muestra es real (en el sentido de la realidad objetiva) es un problema y vuelve al filme aburrido.

Quizás el realismo cede en una de las escenas del filme, cuando el protagonista frente al plato de comida que le prepara su mujer (una gallina cruda o algo semejante), siente nauseas y se apega a su cuerpo, al cuerpo de ella. Tiene necesidad de sentir su piel, siente deseos. Se produce en ese instante cierto deslizamiento a lo poético, a lo irreal, que es de lo que se trata el cine o cualquier arte visual.

 

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Última actualización el Jueves, 28 de Mayo de 2009 18:13